Se encontraba sentado en su escritorio, rodeado de los lujos y comodidades que su posición le permitía disfrutar. Sus ojos se posaron en una de sus plumas favoritas, una pieza única y valiosa que formaba parte de su colección de 13 años de antigüedad. La admiró con detenimiento, apreciando la delicadeza y el detalle que habían sido necesarios para crear semejante obra de arte.
Mientras disfrutaba del momento, su mente no podía dejar de pensar en la persona que pronto llegaría a ocupar el puesto de secretaria. Había estado esperando a alguien nuevo durante semanas, después del incidente con el anterior secretario. El recuerdo todavía le dejaba un sabor amargo en la boca.
Había sido un topo, un espía infiltrado por la mafia rival para vigilar sus movimientos y obtener información confidencial. La traición había sido un golpe bajo, pero él había sabido cómo manejarla. Con una sonrisa fría y calculada, había "mandado a dormir" al traidor, enviándolo a un lugar donde no podría hacer daño a nadie más.
La acción había sido necesaria, pero también había sido una advertencia para cualquiera que pensara en seguir los pasos del traidor. Él no toleraba la deslealtad ni la debilidad, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para proteger sus intereses y su organización.
Ahora, mientras esperaba a su nueva secretaria, no podía evitar preguntarse si ella sería diferente. ¿Sería leal y eficiente, o sería otra topo dispuesta a venderse al mejor postor? Solo el tiempo lo diría.
Se levantó de su silla y se acercó a la ventana, mirando hacia afuera mientras reflexionaba sobre el pasado y el futuro. La ciudad estaba llena de peligros y oportunidades, y él estaba listo para enfrentarlos todos. Con una sonrisa confiada en su rostro, se dio media vuelta y regresó a su escritorio, listo para recibir a su nueva secretaria y ver qué tenía que ofrecer.
En ese momento sonó el timbre del interfono en su escritorio. "¿Sí?", preguntó con voz firme.
"Su nueva secretaria ha llegado"