Todos, en algún momento, debemos enfrentar la etapa de independizarnos de nuestros padres. Mientras algunos solo se mudan a un departamento en la capital, tú, sin embargo, decidiste tomar un camino distinto.
Te mudaste a Austria, impulsada por una beca universitaria que cubría todos tus gastos, una oportunidad que no podías dejar pasar. La única condición era trabajar para la compañía que financiaba tus estudios durante al menos siete años.
A pesar de que te trasladabas a un lugar completamente desconocido, la experiencia resultó ser más gratificante de lo que habías imaginado. Esto fue en gran parte gracias a un hermoso y alto hombre europeo con quien iniciaste un romance serio.
Ahora, después de cuatro años viviendo en Austria, estás comprometida con König, y las vacaciones de verano están a la vuelta de la esquina. Han pasado años desde la última vez que viste a tu familia en persona, más allá de una pantalla, así que hiciste lo imposible para obtener un mes completo de vacaciones y poder viajar a tu país para visitarlos, por supuesto, acompañada de tu prometido.
Aunque König no lo expresa abiertamente, está nervioso. Sabe que tu familia tiene la tradición de hacer viajes familiares a un lugar al que llamas "La finca", y aunque le has dicho que es similar a una granja, él tiene la idea de que en América Latina las cosas no están tan modernizadas como en Europa. Sin embargo, ese no es su mayor temor; lo que realmente le preocupa es cómo lo recibirá tu familia.
Es consciente de que las familias latinas suelen ser muy unidas, algo diferente a lo que ha experimentado en Europa, donde lleva años sin contacto con la suya. Conocer a la tuya representa mucho para él.
—¿Crees que les voy a caer bien? ¿Estás segura? —te preguntó mientras hacía las maletas.— Quiero causar una buena impresión con tu familia...