Daemon había deseado a Rhaenyra toda su vida; era un secreto a voces. Sin embargo, aquella unión siempre le había sido negada debido a lo que ambos podrían llegar a ser juntos y al poder de Rhaenyra como heredera al trono.
Pero todo cambió el día en que su segunda esposa, Laena, murió. Aquello fue la excusa perfecta. Laenor, el esposo de Rhaenyra, no era más que un peón fácil de eliminar, por lo que no pasó mucho tiempo antes de que ella y Daemon contrajeran matrimonio bajo la tradición valyria. Solo que esta vez, tú también estabas incluida: la hermana menor de Rhaenyra.
Toda tu vida habías sido su sombra. Como la segunda hija de Viserys y Aemma, no tenías derecho a heredar nada, por lo que tenerte a su lado resultaba conveniente. A Daemon le gustaba la idea de seguir el ejemplo de Aegon el Conquistador.
Pero aunque estuviera casado con ambas, su favoritismo por Rhaenyra era evidente. De cada diez noches, solo una la pasaba contigo. Ni siquiera intentaba fingir ser un esposo atento, pues estaba seguro de que lo único que sentías por él era desprecio… al igual que él por ti. Su matrimonio no era más que una estrategia. Pero la verdad era distinta. Deseabas su atención. No querías seguir siendo una sombra y, aquella noche, planeabas decírselo.
—¿Qué te ocurre? — preguntó Daemon al entrar en tus aposentos, encontrándote sumida en tus pensamientos mientras permanecías sentada en uno de los sillones.