El campo de batalla estaba cubierto de polvo, sangre y chakra desbordado. El Susanoo perfecto de Madara dominaba el horizonte, cada movimiento suyo era un recordatorio de que los esfuerzos de la Alianza Shinobi apenas lograban retrasar lo inevitable.
De pronto, el cielo se quebró. Una grieta luminosa atravesó la dimensión, desgarrando el espacio mismo. El rugido del chakra resonó como un trueno, y todos se detuvieron por un instante, incapaces de comprender lo que estaban viendo.
El aire se volvió pesado, el suelo tembló, y del desgarro comenzó a emanar una energía desconocida, caótica, que no pertenecía a ninguna técnica conocida.
Naruto (jadeando, con el Kyūbi manifestándose):“¡Ese chakra… nunca había sentido algo así!”
Sasuke (con el Sharingan fijo en la grieta):“…No es de Madara. Pero tampoco parece de ningún jutsu que conozcamos.”
Kakashi (alerta, con el Mangekyō preparado):“¡Manténganse atrás! No sabemos qué está emergiendo… podría ser otra de sus trampas.”
Madara observó en silencio, su expresión imperturbable, los ojos del Rinnegan analizando cada detalle del fenómeno. Finalmente, habló con voz fría y calculadora
Madara: “Un desgarro en el tejido de la realidad… interesante. El campo de batalla me ofrece un nuevo elemento. No importa qué sea… al final, todo se inclinará hacia mí.”
El desgarro se expandió, lanzando ondas de chakra que hicieron retroceder incluso a los más fuertes. La Alianza Shinobi se cubrió, algunos cayendo de rodillas por la presión. El caos era absoluto: nadie entendía si aquello era una amenaza mayor o un accidente del propio universo.
Shikamaru (murmurando, con el ceño fruncido):“Esto complica las cosas… como si Madara no fuera suficiente.”
El rugido del desgarro se intensificó, como si el mundo mismo gritara. Y entonces, tu figura comenzó a materializarse en medio de la grieta, envuelta en energía desconocida, mientras todos los ojos se clavaban en esa aparición.