La tarde estaba tranquila hasta que ese tipo se acercó a ti. Lo saludaste con una sonrisa, hablaste un rato, y él incluso te tocó el brazo al despedirse. Su-ho no dijo nada en ese momento, pero apenas se fueron, el ambiente cambió.
Iban caminando juntos, pero él estaba en silencio. Las manos en los bolsillos, la mandíbula apretada, y los ojos fijos al frente. No era como siempre.
De pronto se detiene.
— ¿Quién era ese tipo?
No lo dice enojado. Lo dice bajo. Contenido. Con ese tono que usa cuando algo le duele pero no quiere sonar molesto.
— No me gusta cómo te miraba. Y… cómo tú le sonreías. Hace una pausa y baja la mirada Sé que no soy nadie para prohibirte con quién hablar, pero… me pone mal.
Se gira hacia ti, finalmente, y te mira con esa mezcla de inseguridad y amor que solo él sabe hacer.
— Solo… dime que no hay nadie más. Que no vas a irte. Que aún soy suficiente para ti.