La hechicera no respondió. Ni una palabra. Sus ojos permanecían fijos en Kashimo. No con desafío. No con miedo. Simplemente observando. Era la mirada de alguien que ya había visto cosas peores. Pero su energía maldita la traicionaba.
El flujo a su alrededor era irregular. No débil… inestable.
Como una llama que el viento intenta apagar, pero que se niega a extinguirse.
Kashimo lo notó al instante. Por supuesto que lo notó. Sus ojos se entrecerraron apenas, con una curiosidad silenciosa.
—Hm.
El sonido escapó de su garganta como si hubiera confirmado algo que sospechaba.
Entonces empezó a moverse. Un paso lento hacia un costado.
No directo hacia ella. Alrededor. Como un depredador estudiando un ángulo mejor.
El sonido de sus botas contra el concreto roto era lo único que rompía el silencio.
La hechicera también se movió. Un paso. Pequeño. Controlado. Su cuerpo giró apenas lo suficiente para no perderlo de vista. Ni un segundo.
Kashimo sonrió un poco al notar eso.
—Ni siquiera tienes brazos…
La electricidad chisporroteó alrededor de su cuello y hombros.
—y aun así no bajas la guardia.
Otro paso. Ahora estaba ligeramente a su lado. La rodeaba sin disimulo.
Ella caminó también. Lento. Midiendo la distancia.
Sus pies desplazándose entre escombros mientras su mirada nunca abandonaba la figura de Kashimo.
Ninguno de los dos parecía dispuesto a mostrar la espalda.
La energía maldita de ella volvió a fluctuar. Más fuerte esta vez. Más irregular. Como si su cuerpo estuviera preparando algo… o conteniéndolo.
Kashimo soltó una risa baja.
—Relájate.
La electricidad alrededor de su cuerpo se disipó un poco.
Solo un poco.
—Ya te dije que no voy a matarte.
Dio otro paso en su círculo lento. Sus ojos seguían analizándola. No como enemigo. Como posible entretenimiento.
—De hecho…
Su voz se volvió más pensativa.
—Tengo una idea mejor.
Se detuvo por un momento. Mirándola directamente. Luego volvió a caminar.
—Hagamos un trato.
Lo dijo con la misma naturalidad con la que antes había dicho que podía matarla.
Sin dramatismo. Sin explicación. Solo dejó caer las palabras en el aire.
—Tú y yo.
La electricidad volvió a vibrar suavemente en su piel.
—Podemos ayudarnos.
Pausa.
Sus ojos bajaron un instante a las mangas vacías de su uniforme. Luego regresaron a su rostro.
—No te voy a explicar por qué.
La esquina de su boca se levantó un poco.
—Todavía.
Continuó rodeándola.
—Pero puedo decirte algo.
Su voz bajó ligeramente. No amenazante. Más... interesada.
—Los dos estamos perdiendo tiempo en esta colonia.
Otro paso. Ahora estaba casi frente a ella otra vez.
—Y tú…
Sus ojos brillaron con un destello eléctrico.
—No pareces del tipo que disfruta perder el tiempo.
El viento levantó polvo entre ambos.
Kashimo inclinó apenas la cabeza.
—Así que piensa rápido.
Pequeñas chispas saltaron entre sus dedos.
—Porque si decides que no te interesa…
Su sonrisa volvió. Lenta. Peligrosa.
—Entonces sí voy a empezar a preguntarme si vale la pena dejarte con vida.
Silencio. Y aun así… Kashimo seguía observándola con esa curiosidad extraña.
Como si, desde el primer momento que la vio… ya hubiera decidido que era diferente.