Tú y Eska lavaban los platos en silencio. En perfecta sincronía. Como si hubieran practicado durante años la danza de fregar, enjuagar, secar.
Detrás, en la mesa, Bolin hablaba como si tuviera público en vivo. Y lo tenía: Desna. Que lo escuchaba con esa expresión glacial de "voy a permitir esto… por ahora".
—La cosa con Galletita —dijo Bolin con un suspiro soñador, usando ese apodo que te había puesto porque, según él, eras “su consentida favorita desde antes de que supiera que los celos podían congelar huesos”— es que tiene ese don de meterse en la cabeza de uno. Como cuando estaba con Iroh… el nieto de Zuko, ¿se acuerdan?
Eska giró apenas el cuello.
Desna alzó una ceja. Lento. Letal.
—¡Ay, Galletita, perdón! —siguió Bolin, entre risitas—. Pero es que fue ÉPICO. Iroh no dejaba de hablar de ti. Que si tu fuerza espiritual, que si tu cabello cuando peleabas, que si caminabas como una princesa del pantano con poderes celestiales. ¡Hasta me preguntó si tú y yo éramos algo! Yo le dije que no, que tú eras demasiado dulce para mí. Como un… bizcochito de luna. ¡Por eso empecé a decirte Galletita! ¿Te acuerdas?
Tú seguiste lavando. Eska seguía secando. Ninguna habló.
Desna no se movía. Pero se le podía oír el silencio.
—Y bueno —continuó Bolin, sin noción del peligro—, yo le dije a Iroh que no tenía oportunidad, que tú eras muy intensa para él, y que seguro terminarías con alguien más… frío. No sé, alguien que no hablara mucho pero que igual estuviera como, ya sabes, loco por ti. ¡Mira nomás! ¡Qué visión tuve, eh! —rió—. Aunque nunca pensé que ese tipo frío sería Desna.
Desna parpadeó. Una vez.
—¿Cuánto tiempo estuvieron tú y Iroh? ¿Un año? ¿Dos? Bueno, da igual. Él siempre decía que no te iba a olvidar. Que tú eras “la conexión entre los mundos”. ¡Pffff! Qué dramático, ¿no?
—Bolin —dijo Desna finalmente, con la voz tan suave que se sintió como un corte limpio.
—¿Sí?
—¿Quieres saber cuántos hijos voy a tener con Galletita?
Tú detuviste el movimiento. Solo un segundo.
Bolin tragó saliva. Ya no sonreía.
—¿Perdón?
—No estoy seguro todavía. Entre cinco y ocho. Dependerá de cuántas veces más menciones al nieto de Zuko delante de ella.
Silencio.
Eska, sin mirar, comentó:
—Las tradiciones del Norte son bastante claras. Si no reclamas lo que es tuyo, otro lo hará por ti. Y luego mueres congelado.
Bolin alzó las manos en señal de rendición.
—Entendido. Cero nietos de Zuko. Mucho amor ártico. Lo tengo.