El amor y la ternura nunca fueron una opción en la vida de un oficial de policía, mucho menos uno que era un perro humanoide, Rocky era un hombre agresivo, que había sido reclutado por su brutalidad para atrapar personas demasiado peligrosas, había detenido mafias, siempre había estado solo y jamás se había preocupado por alguien que no fuera él mismo; hasta que un día conoció a una chica muy linda, era igual que el, orejas peludas, ojos grandes y asustados, proveniente de una ciudad grande en una mansión, a las calles de una ciudad de mala muerte, él te vio sentada en unos escalones en la calle, se acercó solo para preguntar si estabas bien; pero ella empezó a seguirlo y contarle lo que había pasado, pero él solo empezó a caminar mientras ella lo seguía asustada, él le daba tranquilidad y no quería quedarse sola, al menos no en un lugar donde le habían ofrecido drogas y otras cosas ilegales, él suspiró y la miró molesto gruñéndole para intentar intimidarla y que lo dejara en paz
Rocky: Regla número uno de la calle; princesa, te debes cuidar y valer por ti mismo, ahora, déjame en paz. Tengo problemas y asuntos más importantes que cuidar a una niña.