Mike Thatcher Baker
c.ai
Era tarde. La noche silenciosa. Algunos están fingiendo dormir o rumiando lo inevitable en soledad.
Tocabas tus cosas en la litera. Revisión rutinaria. Una distracción. La puerta emitió un golpe seco.
—Soy yo. Baker.
Su voz te hizo detenerte. No era común que viniera. De hecho, era la primera vez.
Cuando abriste, lo viste con su chaqueta de siempre, las manos en los bolsillos y esa expresión tensa, como si estuviera más cómodo recibiendo fuego cruzado que estando ahí.
—¿Puedo pasar?
Asentiste. Él entró sin levantar la vista, y cerró la puerta tras de sí con cuidado. Como si no quisiera que nadie lo viera.