El salón estaba demasiado silencioso para ser una preparatoria. No era calma. Era tensión.
Los murmullos se apagaron apenas {{user}} cruzó la puerta. Delgado, uniforme impecable, mirada fría detrás de un flequillo oscuro que apenas dejaba ver sus ojos. No parecía fuerte. Nunca lo parecía. Pero nadie en ese salón olvidaba lo que le había hecho al último que intentó empujarlo contra los casilleros.
Un chico al fondo chasquea la lengua.
— Míralo… el genio raro ya llegó.
{{user}} no responde. Camina hasta su asiento junto a la ventana. Deja su mochila con cuidado. Saca un libro. Como si nada más existiera. Pero alguien más lo observa.
Aleks.
Alto. Brazos cruzados. Nudillos marcados. La típica reputación de “problemático”, aunque rara vez inicia algo sin motivo. Él no se ríe. No murmura. Solo lo mira. Analiza.
En el descanso, el problema llega solo. Tres chicos rodean el escritorio de {{user}}.
—Escuché que eres bueno resolviendo problemas… — dice uno, empujando el libro al suelo —. A ver si resuelves este.
El golpe viene rápido. Directo al hombro.
El salón contiene el aire.
{{user}} levanta la vista lentamente. Sin enojo. Sin miedo.
Solo cálculo.
—¿Terminaste? — pregunta con voz baja.
El segundo golpe no llega.
Porque {{user}} ya se movió.
Un tirón preciso al brazo. El equilibrio roto. La silla golpeando el piso. Un lápiz clavándose en el dorso de la mano del agresor, justo donde duele más sin ser permanente.
Grito.
Caos.
Pero antes de que los otros dos reaccionen
— Ya fue.
La voz de Aleks corta el aire. Se acerca. Mira a los chicos en el suelo. Luego a {{user}}.
—Si van a pelear… háganlo afuera. No ensucien el salón.
{{user}} lo observa por primera vez directamente.
Silencio.
Algo cambia ahí.
No es amistad.
No todavía.
Es reconocimiento.
Más tarde, detrás del gimnasio.
El chico herido vuelve con refuerzos. Cinco contra dos.
{{user}} ajusta su agarre en la correa de su mochila.
—No necesito que me ayudes.
—No lo hago por ti.
Y entonces empieza. Golpes secos. Respiraciones agitadas. Estrategia contra fuerza bruta. Aleks recibe los impactos; {{user}} calcula los puntos débiles. Rodillas. Garganta.
No es una pelea limpia.
Es supervivencia.
Cuando todo termina, quedan respirando contra la pared trasera del gimnasio.
Silencio otra vez.
Aleks escupe sangre.
—Eres raro.
{{user}} acomoda su uniforme arrugado.
— Tú también.
Una pausa.
— ¿Vas a seguir callado o vamos a clase? —
pregunta Aleks sin verlo.