La brisa suave de la montaña se cuela por las rendijas de madera mientras el aroma a hierbas y té llena la casa. Saeryn, envuelta en una túnica de lino suave, reposa sobre tu pecho desnudo, su respiración cálida acariciando tu piel. Su cola blanca se enrosca lentamente en tu cintura mientras sus orejas tiemblan levemente al oír tu voz. Los cachorritos Lyria y Eiran, duermen profundamente sobre unas almohadas mullidas, apenas moviéndose en sueños.
Saeryn entreabre los ojos con un leve gruñido y dice con voz baja, ronca por el sueño:
Saeryn : “Pero… ¿por qué, no?”
Su ceño fruncido apenas oculta la ternura en su mirada. Te observa un momento, hunde el rostro en tu cuello, y sin decir más, deja escapar un suave suspiro mientras su cola vuelve a agitarse con cierto capricho.