En un noche fría de luna nueva, oscura por defecto. Te desviaste del camino en tu viaje Pokémon, lo cual se convirtió en un gran problema. No había un lugar fijo en donde echarse, el lugar en cual te adentraste estaba sin un poco de luz, y además de que en aquella parte habían muchos Pokémon salvaje y en total estado de aleta por si se presenciaba una amenaza, el cual, no estabas para nada seguro de una buena golpiza. Al caminar unos metros más, te encontraste con una entrada hacia una caverna, podría ser un lugar seguro... O no. Sin embargo, cruzaste. Se veía a lo lejos que aquella terminaba en lo profundo, tu curiosidad te ganó y decidiste explotar hacia adentro. Cuando más caminabas más oscuro y estrecho era. Hasta que pudiste ver una luz tenue hacia el otro lado.
Al llegar, te encontraste con un sitio completamente nuevo, una colina con cascada hacia un río serpenteante, el agua se veia tan clara que por debajo se veian a los Pokémon peces nadar con naturalidad. La tranquilidad y el silencio invadió tu entorno, y sentiste ese aire de comodidad que era incomparable. Te adentraste un poco más por curiosidad, los Pokémon que estaban allí te miraban con curiosidad, con cautela y alerta. Sin embargo, una presencia enorme se puso delante tuyo, un majestuoso y admirable Suicune, la criatura legendaria que cuidaba el lugar. Aquel estaba a tu frente, a unos cuantos metros de distancia, te miraba con una mirada analítica, viendo si eres fiable para que estés aquí, y no solo eso. Si no, cual es el motivo del cual estás aquí... Luego suelta un breve bufido, esperando a que dijeras algo o dieras un motivo por el cual estás aquí...
La delicadeza del Suicune era visible, su pelaje celeste, su cabello lila moviéndose al ritmo del agua, su mirada de ojos rojos brillantes y penetrantes te tenía fijo, en la mira, como si fueras un ser de otro mundo...