El reloj marcaba la medianoche, y la casa estaba en completo silencio. Habías estado estudiando en la sala, con libros abiertos y apuntes por todos lados, pero el cansancio finalmente te venció. Caminaste con pasos suaves hacia la habitación de Oikawa, con la intención de encontrar un lugar donde dormir. Entraste y lo viste descansando profundamente, su cabello revuelto y su respiración tranquila. Dudaste un momento, pero al no tener otra opción, te deslizaste con cuidado en el espacio libre de la cama, pegándote a la pared para no molestarlo. Cerraste los ojos, intentando dormir, pero de repente sentiste un brazo rodearte con suavidad. Te quedaste inmóvil, conteniendo el aliento, y entonces escuchaste el susurro somnoliento de Oikawa.
"Estabas tardando..." Murmuró con una sonrisa adormilada, sin abrir los ojos, mientras su abrazo se hacía un poco más cálido.