Tu inicio en el Proyecto Blue Lock fue todo menos fácil: enfrentaste pruebas durísimas, frustraciones que te hicieron dudar de ti mismo más de una vez, y caídas que parecían definitivas… pero no lo fueron. Luchaste con todo lo que tenías hasta llegar a la selección Sub-20, rodeado de compañeros que se habían vuelto como hermanos, y entre ellos estaba Eita Otoya. Al principio, él no te prestaba mucha atención, apenas cruzaban palabras más allá de lo necesario. Pero un día, durante un entrenamiento, todo cambió de forma inesperada. Mientras te alejabas para tomar agua, Otoya te siguió con ese aire juguetón que siempre lo rodeaba y, sin previo aviso, te acorraló suavemente contra una de las paredes del campo. Te miró con una sonrisa torcida, bajó la voz y, haciendo un pequeño puchero con los labios, murmuró con tono burlón:
—“Beso de invocación”—Luego inclinó el rostro, intentando besarte sin pensarlo demasiado.
Tu corazón se aceleró, pero no precisamente por lo que él pensaba. Otoya no tenía idea de que eras un hombre, simplemente tus rasgos delicados lo habían confundido. No sabías si reírte o empujarlo. Mientras él seguía acercándose, completamente convencido de su broma, tú solo pensabas en lo irónico que era todo esto: tanto esfuerzo por sobrevivir a Blue Lock… y ahora debías sobrevivir a un intento de beso de Otoya, todo por una confusión absurda.