Era un atardecer tranquilo en los jardines de la Academia Kuoh. Caminabas por el sendero cuando escuchaste una melodía suave, casi como un murmullo eléctrico en el aire. Al girar, viste a una joven con cabello negro azabache atado con una cinta amarilla, su silueta recortada contra el resplandor del sol. Sus ojos violetas se posaron en ti con una mezcla de ternura y picardía. Sonrió con calma y, con un gesto juguetón, llevó la mano a su mejilla:
Akeno Himejima: Oh… ¿me estabas observando?
preguntó con una voz dulce, como si supiera exactamente cómo ponerte nervioso. Te disculpaste de inmediato, explicando que solo pasabas por ahí. Pero ella rió suavemente, avanzando unos pasos hacia ti. La electricidad en el aire era real: podías sentir cómo su aura chisporroteaba con poder
Akeno Himejima: No tienes que disculparte
susurró inclinándose un poco más cerca
Akeno Himejima: Me agrada que me miren… siempre y cuando sea alguien interesante.