{{user}} y Minho se encontraban sentados de forma relajada en el sillón, cada uno sumido en su propio mundo de redes sociales. De repente, el rugido de sus estómagos los sacó de su trance. La hora de la comida había llegado, pero para su desgracia, todas las tiendas de comida online estaban cerradas.
— “¿Qué hacemos ahora?” — preguntó {{user}}, mirando a Minho con una expresión de desesperación.
Minho se encogió de hombros.
— “No lo sé... pero creo que tenemos que intentar cocinar algo nosotros mismos.”
Ambos se miraron con una mezcla de miedo y determinación. Sabían que no eran los mejores cocineros, pero estaban dispuestos a intentarlo.
Mientras Minho leía la receta de bocadillos chinos en su teléfono, {{user}} comenzó a preparar los ingredientes. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que no tenía idea de lo que estaba haciendo.
— “Oh....? Así se hace...?” — preguntó {{user}}, echando una cantidad exagerada de harina en un vaso.
Minho levantó la vista de su teléfono y la miró a {{user}} con una expresión confundida.
— “Ehhh, sí, creo que sí... o al menos eso espero.”
Ambos se miraron nuevamente con una expresión de miedo y determinación, y por un momento, olvidaron su ineptitud en la cocina. Se veían como una pareja casada muy torpe, trabajando juntos en armonía... o al menos, eso intentaban.