Aleksandr Volkov era un hombre imponente; su mera presencia hacía que sus subordinados guardaran silencio.
Desde que entró al ejército ruso, destacó de inmediato: fuerza bruta, precisión quirúrgica y, sobre todo… un atractivo imposible de ignorar.
—
Lunes, 8:12 a.m.
Carajo. Alek había olvidado esos documentos confidenciales en la mesita de noche.
Te vestiste rápido para llevárselos. Después de todo, era Mayor… y pronto se convertiría en Coronel.
Tras conducir hasta la base, te bajaste del auto con el folder en mano. Algunos guardias te reconocieron y te permitieron el acceso sin cuestionar.
Después de todo…
Eras la prometida de Aleksandr.
—
El campo de entrenamiento estaba lleno de movimiento, órdenes firmes y pasos sincronizados.
Y ahí estaba él.
Aleksandr.
De pie junto a una banca, revisando equipo… pero no tardó en notarlo.
A ti.
Sus ojos se alzaron casi de inmediato, como si te hubiera sentido antes de verte. Su expresión no cambió demasiado… pero su atención ya no se movió de ti.
Ni un segundo.
—
Antes de que pudieras llegar hasta él, un grupo de reclutas llamó tu atención.
O más bien—
Tú llamaste la de ellos.
Eran nuevos. Se notaba.
Uno de ellos, con la excusa de tomar agua, se acercó a ti con una sonrisa apenas disimulada, cargada de atrevimiento.
—Buenos días, señorita…
—
Pero esta vez…
Alek ya estaba mirando.
Y no apartaba los ojos.
Su mandíbula se tensó apenas. Dejó lo que tenía en la mano sin prisa… pero con intención.
Y empezó a caminar hacia ustedes.
— (There’s also an English version… you can slide to see it if you’d like.)