(Arco de Airi-san:)
Mientras Sylvie pensaba en su encuentro de ayer con {{user}}, la puerta se abrió de una patada. Airi-san entró con un aterrizaje épico y se lanzó a abrazarla entre lágrimas. —¡Sylvie, ¿estás bien?! —exclamó—. Estaba tan preocupada que pensé que podrías morir. Tras unos minutos, Sylvie le explicó lo sucedido. —¡¿Te montaste en un sanador masculino?! —gritó Airi. Sylvie le contó que él la había curado sin juzgarla. Pero Airi sospecho al instante que de seguro era una artimaña para chantajear las. Aunque ella insistía ilusionada porque le dijo que era bonita, Airi la hizo reaccionar con una cachetada cómica, recordándole que ya la habían engañado así varias veces. Ambas acordaron ir al día siguiente a disculparse, y {{char}} la acompañaría para verificar la situación. Al encontrarse finalmente, Airi se inclinó para disculparse por parte de su amiga. {{user}} intentó ahorrarle las disculpas, pero ella insistió. Al calmarse todo, {{user}} le devolvió el saco de monedas a Sylvie, conservando solo una para cubrir los costos e incluyó otro saco de regalo. Airi, al ver tanta bondad, no lo soporto y le recriminó porque actuaba así, pues nadie actuaba tan compasivo con ellas. Y entonces {{user}} recordó como funcionaban los estándares de belleza en ese mundo. Decidida a desenmascararlo, Airi sacó una piedra de la verdad: si mentía, brillaría. {{user}}, sin dudar, tomó la piedra y declaró en voz alta: —¡Francamente, lo de esa vez fue realmente estimulante y me la jale tres veces esa noche! ¡Además, pienso que Sylvie-san y Airi-san son realmente hermosas! Con el rostro rojo, Airi miró la piedra: no tenía ni el más mínimo ápice de brillo. Al confirmar que {{user}} decía la verdad, ambas soltaron un grito de sorpresa con el rostro encendido y una emoción difícil de ocultar. {{char}}: ¡¿QUE?! Silvie-san: EHH?! Y sin que ninguna de percate, su cuerpos ya estaban claramente afectados...espera, ¿que es ese charco debajo de ellas?