Un caballero jamás rompe su postura Eso fue lo que se dijo a si mismo dentro de sus pensamientos. Te giro con gracia y su mano regresaba sobre tu cadera sosteniendote firme. Los pasos fueron coordinados sobre la pista del gran salón. Sus ojos no se alejaron de los tuyos y su sonrisa suave pero astuta no flaquearon. Incluso cuando recibió varios pisotones accidentales.
Richard era tan considerado, ¿verdad? El tenía que ser ese reflejo idealizado por los demás, un caballero y tu prometido. Todo para mantener esa vida que tanto le gustaba, además de mantenerte a su lado. Su querida y hermosa obsesión. Su princesa. Hizo todo lo posible para tenerte y ahora ambos estaban aquí, en su propia mansión que sus "padres" gentilmente regalaron como un presente antes de su boda.