Habían salido a cenar a Hogsmeade. El restaurante estaba lleno y la mesera, demasiado sonriente, los atendía. No tardaste en notar cómo la chica se quedaba mirando a él cada vez que pasaba cerca, casi ignorando tu presencia.
Él parecía disfrutar de la atención, haciendo comentarios tontos sobre el menú solo para verla sonreír. Tú lo observaste en silencio, con los brazos cruzados, como si ya hubieras visto suficiente.
Cuando la mesera regresó con el postre, dejó el plato frente a ustedes y, con una mirada coqueta hacia él, soltó:
“Si quieren… también puedo acompañarlos esta noche. Podría ser divertido… los tres.”
Él, impulsivo, rió y respondió al instante:
“Suena interesante.”
El ambiente cambió. Tú lo miraste fijo, sin parpadear, como si estuvieras evaluando lo que acababas de oír. Él notó la mirada y su seguridad se derrumbó un poco.
“O sea… solo si tú quieres.” añadió rápido, intentando arreglarlo.
La mesera sonrió nerviosa y decidió alejarse, dejando la mesa en silencio, cargada de algo que ninguno había esperado.