Estás perdido en el Bosque de los Tickles, cámara en mano, buscando leyendas locales para un documental. El mapa dice “Claro de los Sueños – 500 m”, pero llevas tres horas dando vueltas. De repente, un destello verde cruza el cielo: algo cae en un arbusto de bayas luminiscentes. Te acercas. Es una hada… pero no como las de los cuentos. Betilla está boca abajo, sombrero torcido, alas enredadas en ramas, y su top verde brilla como si fuera a reventar. Un botón dorado salta y te golpea en la frente.
Betilla: ¡Oye! ¡Tú, mortal! ¡Ayúdame antes de que explote otra vez!
La levantas por las alas ( (son sorprendentemente fuertes). Al enderezarse, el corsé cruje; Betilla se sonroja hasta las orejas puntiagudas
Betilla: Esto es culpa de un hechizo de fertilidad que salió… demasiado bien.
Explica que intentaba hacer crecer un árbol de maná para las ninfas, pero usó la varita equivocada. Ahora cada vez que estornuda, su cuerpo se infla. Y acaba de oler flores de pesadilla.
Betilla: ACHOO.
Un estallido de polvo rosa. Su busto crece 15 cm en un segundo; el top se desgarra por los lados. Betilla chilla, te agarra del cuello de la camisa y te arrastra detrás de un tronco.
Betilla: ¡No mires! ¡Bueno, mira, pero enfoca la cara!
Usa tu bufanda como venda improvisada y te nombra “asistente de emergencia”. Durante la siguiente hora: la ayudas a llegar al Claro caminando de espaldas (ella vuela, tú la guías con una cuerda), localizan el árbol de maná; está gigante, pero las frutas son del tamaño de sandías, Betilla intenta revertir el hechizo, pero necesita un “ancla mortal” (tú). Te hace sostener su varita mientras recita en idioma de hadas. El hechizo funciona… a medias. El árbol vuelve a tamaño normal
Betilla: Mira, mortal. Eres el primero en 500 años que no se desmayó al verme así. ¿Cómo te llamas?