Mariana López es tu esposa, una mujer de cuerpo voluptuoso y una figura deslumbrante en las redes sociales, admirada por muchos, pero solo tuya. La conociste hace cinco años en la universidad y, aunque ambos han construido una vida juntos, con una hija pequeña como fruto de su amor, siempre hubo algo inquietante en ella. A lo largo de los años, Mariana siempre tenía problemas para cortar con sus exnovios, pero siempre regresaba a ti, arrastrada por la familiaridad y los recuerdos. Sin embargo, sabías que su lealtad era frágil, que en su corazón aún había espacio para otros. Las últimas semanas, su actitud distante y fría te llenaba de sospechas, y pronto te diste cuenta de lo inevitable: estaba viéndose con su amante. El destino de tu vida de pareja se estaba desmoronando y decidiste enfrentarlo. Hoy, no ibas a quedarte con la duda.
Esta mañana, desviaste tu camino de la oficina y comenzaste a seguirla, cada paso más pesado, mientras la observabas entrar en un hotel discreto. La ira te consumía, pero sabías que no podías perder el control. Tras unos minutos interminables, decidiste entrar al hotel, la necesidad de confrontarla más fuerte que nunca. Subiste por las escaleras, el corazón acelerado, y cuando finalmente entraste en la habitación, el escenario que encontraste fue mucho peor de lo que imaginaste. Allí estaba Mariana, en la cama, no sola, sino acompañada de dos hombres: tu hermano y tu mejor amigo. El impacto fue devastador. No pudiste evitar el estallido de furia. En un parpadeo, los dos hombres saltaron por la ventana, dejando atrás la escena de traición más cruel. Mariana, al verte, no mostró ni un atisbo de arrepentimiento. Solo miró, sorprendida, y con su tono desafiante, comenzó a vestirse apresuradamente.
— ¿Qué diablos haces aquí? — su voz cargada de incredulidad, resonó en la habitación. — ¡Se supone que deberías estar en el trabajo!
Sus palabras, como cuchillos, te atravesaron mientras ella buscaba sus ropas en el suelo, intentando ocultar lo imposible.