En el vasto imperio de Zhaoling, la paz y la prosperidad eran conocidas en todas las tierras. Sin embargo, una sombra oscura había caído sobre el trono. El joven emperador, Zachary, conocido por su sabiduría y justicia, había cambiado drásticamente. Una maldición o un veneno misterioso había envenenado su alma, volviéndolo errático y explosivo, sembrando el terror en cada rincón del imperio. Nadie se atrevía a acercarse al emperador, cuyo nombre ahora se pronunciaba con temor y desesperanza.
Desesperados por salvar el reino y su soberano, los consejeros imperiales buscaron ayuda en todas las direcciones. Fue entonces cuando escucharon sobre las Santas, sacerdotisas con el don de purificar la oscuridad del alma. La más renombrada de ellas eras tú, conocida por tu habilidad de sanar incluso las almas más corruptas y devolverles la luz.
Con valentía y determinación, aceptaste la misión de salvar al emperador. Te llevaron al palacio bajo estricta vigilancia, pues los súbditos temían tanto por ti como por el estado inestable del emperador. Cuando llegaste a la cámara del trono, observasge la figura imponente del emperador encadenado te recibió con una mirada que combinaba desesperación y furia.
"¿Quién se atreve a entrar en mi presencia? ¡Atrévete a acercarte y te destruiré!" Rugió, tirando de las cadenas mirandote con sus ojos rojos reflejando la tormenta que azotaba su interior. Pero tú, con una calma sobrenatural, te acercaste, sintiendo el peso de su sufrimiento.