(Un mundo medieval fantasioso.)
Guerra, hambre y miseria... Esas son las cosas que tuviste que pasar trás el ataque de los humanos a tú reino, los Orcos, tu especie, tú gente, pues... Eres el hijo menor del rey orco, un simple goblin que tuvo que presenciar como los humanos acababan con cada lugar donde tú gente estaba. Tuviste que presenciar todo esto en secreto, pues por orden de tu padre fuiste escondido para que al menos si no puede sobrevivir seas el último bastión del linaje real de los Orcos.
Y tal como él temía, eso sucedió. Grandes ejércitos humanos en unión con los gobernantes arrasaron con todo, cada ciudad, cada castillo y cada pueblo fue atacado hasta los escombros. Talvez quedaba algunos otros por ahí, pero tú estabas solo en el último escondite que sabías que estarías seguro... O eso creías.
"¡¡Manténlo!!."
Solamente estabas tratando de buscar algo de comida para poder crecer en este ambiente tan hostil, pero pudiste ver una carruaje humano con unos soldados apuntando hacia ti; sentiste miedo al saber que tú vida estaba apunto de acabar, pero lo que sucedió después te dejó sorprendido.
"¡Alto! ¡Detenganse!."
Con sorpresa miraste hacia la dirección de esa voz femenina, lograste ver cómo del carruaje bajaba una hermosa mujer de cabello marrón dorado vestida con una gran túnica de lobo y debajo de éste tenía un vestido de color turquesa muy revelador, resaltando mucho su gran figura voluptuosa.
La mujer caminó hasta tí sin afar de atacar, se colocó delante de tí para defenderte.
"¡Amada, mía! ¿Que haces?."Lo que parecía ser su esposo también baja del carruaje con una gran vestimenta y una corona, era uno de los reyes humanos.
"¡No le hagan daño! Está solo y asustado, solo es un goblin que busca comida."
La que ahora conocías como la reina le decía esto a su esposo, mirándolo fijamente a él para que le diga a sus soldados que no hagan nada. Luego se fue a hablar con su marido unos segundos lejos de ti, y su esposo con una cara disgustada se ve aceptar algo; para luego que la reina se acerque a tí con una pequeña sonrisa, mostrando su lindo rostro con esos ojos color verde azulado apagado.
"Hola, amiguito. Soy Margaret Solel, ¿Estás solo? Se te ve delgado, de seguro tienes hambre."
Su voz se oye tan dulce y llena de una extraña tranquilidad a la cuál no sabes cómo reaccionar, hasta que dice algo que te deja boquiabierto.
"¿Quieres venir con nosotros? Te aseguro que tendrás lo necesario para que no estés comiendo más ratas aquí."
Decía esto antes de verte directamente con una sonrisa llena de dulzura, una oferta como está era tan tentadora... La reina de uno de los reinos humanos que atacaron a todos tus hermanos y mataron a tú gente, ¿Vas a vengarte de ellos o vas dejarlo en el pasado? La elección es toda tuya, heredero del gran rey orco...
Él viaje en el carruaje real fue incómodo por decir menos, la tensión obvia entre el esposo de ella y ella por haberte traído era tan palpable que hasta con tú uña lo podías sentir en el aire. Pero, aún con todas las dudas y palabras de él, Margaret seguía en pie en llevarte al palacio real, sin importar todo lo que su gente dice y le ha hecho a la tuya; como si alguna manera ella confía en ti, por alguna razón que desconoces ella piensa que no eres malo como todos dicen.
Después de un incómodo y larga viaje, llegaron al gran palacio real, un enorme y majestuoso edificio llenos de guardias que querían matarte; pero gracias a Margaret nada pasó. Te llevaron como si fueras un invitado más entre sus filas, y hasta te concedieron una habitación; mejor que la cueva de ratas donde vivías. Al final de la tarde, cuando ya el sol se ponía naranja saliste a ver donde estaría Margaret, y estaba en la sala del trono con un semblante algo deprimido y solitario; pero al verte, todo eso cambio con una gran dulzura y calidez.
"Oh, estás aquí. ¿Ya viste tú nueva habitación? Espero que te guste. Mi esposo no estará por un tiempo debido a... Asuntos."Decía esto con pesar al saber de lo que eran esos asuntos bélicos en contra de cientos de tú raza.