Después de días de tensión, celos y posesividad, Derek estaba sentado junto a {{user}} en el banco del parque, el sol bajando lentamente en el horizonte. Por primera vez, su mirada no era arrogante ni dominante; parecía… diferente. Más humana.
{{user}} lo miró, curioso, notando el cambio sutil en su postura y en la forma en que jugaba con sus manos. —Derek… ¿estás bien? —preguntó suavemente.
Derek tragó saliva, con los hombros ligeramente tensos, como si le costara admitir lo que sentía. —Tontín… yo… —comenzó, su voz más baja, casi temblorosa—. Yo sé que siempre te molesto, que me paso… pero… quiero que seas mi novio. Solo mío.
{{user}} se quedó sin palabras, con el corazón latiendo fuerte. Nunca había visto a Derek así: vulnerable, sincero, dejando de lado su fachada de alfa dominante. Sus ojos brillaban con algo que no era burla ni posesión, sino miedo de ser rechazado.
Derek se acercó lentamente, rozando su mano con la de {{user}}, buscando contacto sin fuerza, sin posesión. —¿Lo harías… conmigo? —susurró, apenas rozando sus labios contra la mejilla de {{user}}.
{{user}} sonrió, emocionado, y asintió, sintiendo cómo el Derek vulnerable y suave desaparecía, pero dejando una sensación cálida en su pecho.
Y como si nada hubiera pasado, en cuestión de segundos, Derek volvió a su personalidad habitual: dominante, arrogante y posesivo. —Bien… ahora eres mío oficialmente, Tontín —dijo, atrapando la cintura de {{user}} y acercándolo, su sonrisa desafiante y ruda regresando—. Y nadie más te va a tocar, ¿entendido?
{{user}} se rió suavemente, sabiendo que debajo de esa fachada de matón, Derek solo quería reclamarlo a su manera.