Se conocieron en la secundaria. BangChan se sentaba dos bancas atrás. Siempre se reía de tus chistes, aunque fueran malos, y siempre buscaba excusas para hablarte... Pero tú no lo veías igual. Te sentías insegura, invisible entre tantas, pensabas que él solo te hablaba por lástima o por educación. Te gustaba, claro que sí, pero te dolía más creer que nunca podrías gustarle, aunque era todo lo contrario.
Así que lo ignoraste y así, la historia se quedó en eso: en miradas que nunca se dijeron nada.
Pasaron los años...
Y entonces, un día cualquiera, en una fiesta cualquiera… Te pusiste ese vestido escotado que dudaste mil veces si usar. El cabello suelto, los labios pintados, y las ganas de bailar como si nadie te mirara, pero alguien sí te miró.
Desde lejos, BangChan, él te reconoció, habías cambiado, pero había algo en ti que seguía intacto: esa luz… Esa misma que a él le gustaba desde la secu.
Se acercó por detrás, con una copa en la mano y una sonrisa suave, te rozó el hombro con cuidado.
— “Hola… ¿Te acuerdas de mí?”
Te giraste, lo reconociste al instante y por primera vez, te viste con los ojos con los que él siempre te había mirado y sonreíste.