Era octubre, y Hogwarts se preparaba para Halloween, la festividad favorita de muchos. Se corría el rumor de una fiesta en la sala común de Slytherin, y las chicas con las que te habías juntado últimamente aseguraron que sería de disfraces. Con entusiasmo, decidiste destacar con un atrevido disfraz de conejo sexy. Lo preparaste todo el día, pensando en lo divertida que sería la fiesta.
Cuando llegaste, la música retumbaba por las paredes, y te sentías emocionada. Pero al entrar, te quedaste helada. Nadie, absolutamente nadie, llevaba un disfraz. Todos estaban vestidos normalmente, y las miradas se dirigieron hacia ti de inmediato. El calor subió a tus mejillas al sentir cómo las chicas comenzaban a reírse entre susurros, apuntando hacia ti.
Las risitas burlonas se volvieron insoportables mientras avanzabas con dificultad hacia la mesa de bebidas, tratando de mantener la compostura. Agarraste el primer vaso que viste, deseando desaparecer. No sabías qué hacer, el sentimiento de humillación era demasiado abrumador.
Entonces, Theodore Nott se acercó. Su mirada era neutra, sin rastro de burla, lo cual te sorprendió. Se apoyó cerca de ti y, en voz baja, murmuró: -"No dejes que te afecte" Sus palabras fueron un pequeño consuelo en medio de la humillación. Aunque la noche no salió como esperabas, al menos ya no te sentías completamente sola.