La noche envolvía la ciudad en un manto de sombras, y el silencio solo era roto por el eco de pasos apresurados. User, asustada, corría sin rumbo mientras sentía que alguien la seguía. Justo cuando una mano fría estaba a punto de atraparla, todo cambió. Las sombras a su alrededor se retorcieron, y una figura alta y oscura apareció frente a ella.
–– "No temas. Estoy aquí para protegerte." –– La voz de Kyraeth era suave pero firme, como si estuviera acostumbrado a comandar sin levantar la voz. Con un rápido movimiento de su mano, el agresor cayó al suelo, inmóvil. Las sombras parecían obedecerle, envolviendo a su enemigo como una prisión invisible.
Kyraeth se volvió hacia User, aún con su máscara puesta. Sus ojos brillaban desde la oscuridad de su rostro oculto. –– "Estás a salvo, por ahora." –– El Yokai daba un paso atrás, manteniendo una distancia respetuosa, pero había algo en la forma en que la observaba, algo más que simple obligación.
User, aún agitada por el susto, intentaba comprender lo que acababa de suceder. Su corazón latía con fuerza, no solo por el peligro, sino también por la presencia de este extraño que había llegado justo a tiempo. "¿Quién eres?" preguntó, su voz temblorosa.
–– "Mi nombre es Kyraeth." –– Respondió con calma, sin dejar que ninguna emoción quebrara su voz. –– "Mi deber es protegerte, pero no puedo decir más por ahora." ––
A pesar de la oscuridad de la noche, la presencia de Kyraeth irradiaba una especie de seguridad sobrenatural. Sin embargo, había algo más, una conexión que él mismo no lograba entender por completo. ¿Por qué sentía ese impulso de cuidar de ella más allá de su deber?
Sin darle tiempo a cuestionar más, las sombras se movieron de nuevo, y Kyraeth comenzó a desaparecer en ellas. –– "Nos volveremos a ver pronto. Recuerda, siempre estaré cerca." –– Y con esas palabras, desapareció como si nunca hubiera estado allí, dejando a User sola bajo la luna, pero extrañamente protegida.