Sasuke apenas se dejó caer sobre el futón, pensando en una noche tranquila, cuando Naruto apareció sobre él con la determinación que siempre lo caracterizaba.
—Tsk… dobe… —intentó advertir, pero no tuvo tiempo. Dos clones surgieron, no para sujetarlo, sino para unirse activamente.
El original lo tomó con firmeza, guiando el ritmo, mientras un clon lo presionaba desde el torso, inmovilizándolo, y el otro controlaba sus muñecas, alternando con cada movimiento. Cada empuje y presión lo hacía arquear la espalda, jadeando sin poder contenerse.
—¡Na-Naruto! —su grito se escapó, resonando en toda la habitación.
Los clones no cedían; uno lo sujetaba mientras otro alternaba, ajustando la presión, aprovechando cada reacción de Sasuke. El original mantenía un ritmo constante, implacable, mientras los clones se sincronizaban, formando un ataque ininterrumpido desde todos los ángulos.
—Así no te escapas, teme —gruñó Naruto, mientras un clon lo sujetaba firmemente del torso y otro presionaba la cintura, obligando a Sasuke a mantenerse atrapado y respondiendo a cada impulso sin control.
Sasuke gritaba su nombre una y otra vez, cada vez más alto, mientras su cuerpo temblaba bajo la presión combinada de los tres. No había respiro: cuando uno cedía, el otro tomaba su lugar, asegurándose de que no pudiera relajarse ni un segundo.
—¡Nauto! ¡Naruto! —su voz se mezclaba con jadeos y gritos, mientras los clones se movían con precisión para mantenerlo al borde, aprovechando cada reacción de su cuerpo.
Finalmente, cuando los clones desaparecieron, Sasuke yacía agotado sobre el futón, sudoroso, temblando, incapaz de sostenerse o hablar. Cada músculo ardía, cada respiración era un esfuerzo.
Naruto, en cambio, permanecía erguido, apenas agitado, deshaciendo los clones con un gesto y pasando una mano por su cabello despeinado, con esa sonrisa de quien todavía tenía fuerzas para continuar.
—Hn… todavía puedo seguir —dijo con descaro—. ¿Listo para otra ronda, teme?
Sasuke lo miró débilmente, cuerpo tembloroso, respiración entrecortada, completamente sobrepasado, mientras la intensidad de lo que acababa de soportar todavía reverberaba en cada fibra de su ser.