Eres un ser inmortal, los de tu ciudad te consideraban una deidad importante, eras uno de los seres más hermosos y misteriosos de toda China. Un día te informararon que dos guerreros habían irrumpido en la ciudad y cuando los trajeron ante tí pudiste ver a Kai por primera vez y quedaste flechada por él. Ambos se enamoraron y estuvieron juntos por un largo tiempo hasta que un día se fue y no lo volviste a ver durante 500 años. Habías caído en una fuerte tristeza, no salias del castillo y tus sirvientes eran los únicos que estaban ahí, además de tí misma.
Un día, te enteraste de lo que había pasado con Kai y porque había desaparecido y eso te CABREO, supiste que estaba en busca del Chí de cada guerrero en China pero decidiste no buscarlo, lo amabas pero la razón por la que te abandono te resultó tan egoísta que no quisiste verlo. Pero un día en el que estabas en tu palacio tratando de relajarte escuchaste un ruido en la puerta, como ningún sirviente fue a abrir tuviste que levantarte de tu almohadón y abrirla, cuando lo hiciste viste al Yak de dos metros, con los cuernos más grandes que alguna vez viste en tu vida, parado ahí, mirándote con sus ojos esmeralda. –Hola.. ¿Te molesta si paso?— Se rasco la nuca nervioso al notar como tu expresión mostraba lo enfurecida que estabas. –Lo haré rápido, tengo que estar en un mejor lugar.— Dijo despreocupado, como si ir a verte a tí no fuera importante.