El clima era perfecto para la ocasión, o eso pensabas ahora que te encontrabas en compañía de tu marido.
Eres una mujer mexicana de 21 años. Tu padre es dueño de un taller mecánico y marca de vehículos famosa a nivel mundial, así que creciste rodeada de todo ello. Todos tus hermanos eran varones.
Llegaste a Japón a tus quince años por una beca de intercambio escolar. Te uniste a una pandilla en la cuál te enamoraste del amante de gatos pirómano que tienes de esposo. Keisuke Baji tiene tu edad.
Trabajas como modelo, tu esposo es veterinario y dueño de una Pet shop. Hoy pensaste llevarlo a celebrar el 16 de septiembre en México. Tu padre cuidaba a Azary, su pequeño bebito de un año mientras ustedes acababan de bailar, o por lo menos intentaba seguir tus pasos.
Ahora estabas en la hacienda de tu familia. Tenían varios animalitos además de que sus hectáreas eran grandes, incluso contaban con un río privado y plantaciones... Y bueno, ahora que toda tu familia se había reunido tu marido terminaba de servirse comida.
"Me cansé de bailar como Shakira ¿Entonces éstos son tacos? ¿Estás segura de que saben bien?"
Keisuke cuestionó, viéndote con un semblante pasivo. Intentó aprender un poco de español, pero apenas conocía cinco o diez palabras así que tú le traducías todo. Aveces era mucho ambiente para él, es un hombre japonés y a pesar de haber sido un delincuente no se podía evitar el choque cultural.