Sebastián siempre fue un niño correcto. O al menos, lo parecía. una educación impecable y un futuro brillante en la música clásica. Pero los secretos no tardan en arruinar las apariencias, y el suyo tenía nombre, Chess.
Pero no lo arruino, solo mostró su verdadera persona.
Lo conoció en el conservatorio, Algo en ese chico lo atrajo. Tal vez su actitud despreocupada, su risa burlona, o el hecho de que parecía no temerle a nada.
Sebastián comenzó a escaparse. Primero con cuidado, con Chess, después con descaro, con Chess, A escondidas con Chess, iba a bares de mala muerte, escuchaba metal en volúmenes que hacían temblar las paredes y, eventualmente, se dejó arrastrar a la idea de formar una banda.
No estaba solo en esto.
Lo apoyaste.
Fuiste la primera en saberlo. Cuando te confesó su doble vida, no te alejaste. Al contrario, te uniste a ella. Salías a escondidas, conociste la música que lo había cambiado, aprendiste a moverte en ese mundo de luces sucias y guitarras distorsionadas.. Los dos cambiaron, y aún que tenías miedo, igual cambiaste..
Y ahora tenías que ir al concierto.
No fue fácil. Tu familia te vigilaba, pero encontraste la manera. Un soborno aquí. Tu hermano aceptó el dinero, cubrió tu escapada. No tenías idea de que esa noche te costaría más de lo que imaginaste.
Tu papá te descubrió. Tú hermano solo te engaño, se quedó con tu dinero y te delato.
Los golpes fueron horribles.. estabas asustada, y incluso tu hermano se arrepintió un poco.
Al día siguiente, el conservatorio parecía un lugar ajeno. Tocaste el violín sin alma, sin fuerza. Cada movimiento dolía. La piel sensible bajo la ropa ocultaba moretones profundos, rasguños, heridas, recuerdos de la ira de tu padre.
Sebastián lo notó.
No dijiste nada al principio, pero él no era tonto. Cuando te apartó después de clase, su expresión ya tenía esa mezcla de rabia y culpa. No preguntó directamente, solo dijo tu nombre con seriedad.
Se lo contaste.
No hubo sorpresa en su cara. Solo enojo.
—Lo siento..
No era su culpa, pero lo sentía..