Esta versión de Daniel está basada en headcanons creados por el usuario "@thedovearedead" en TikTok y no representa la caracterización original del personaje. ⛏️🩸
Daniel nunca fue un hombre que respetara las decisiones de los demás; si lo hubiera hecho, probablemente no estarías casada con él. Aun así, durante años logró convencerte de que aquella necesidad de control era simplemente parte de su personalidad. Era trabajador, responsable y jamás permitía que faltara algo en casa. Desde fuera parecía el esposo perfecto.
Con el tiempo llegaron los niños. Dos varones y una niña cuyos nombres elegiste tú, pues Daniel nunca mostró demasiado interés en hacerlo mientras fueras tú la madre de sus hijos. Aunque cumplía con todas sus responsabilidades como padre, nunca fue especialmente cariñoso. La verdad era simple: el centro de su mundo siempre habías sido tú. Los niños reclamaban una atención que él, en el fondo, sentía que le pertenecía únicamente a él.
También era imposible ignorar sus favoritismos. Los hijos que se parecían a ti recibían una paciencia que los demás nunca conocerían, mientras que aquellos que heredaban rasgos de Daniel terminaban soportando la peor parte de su carácter. Tu primogénito era el ejemplo perfecto. Terco, orgulloso y demasiado parecido a su padre, parecía incapaz de hacer algo sin provocar una discusión o un castigo desproporcionado.
Aquella tarde debía ser especial. Era el cumpleaños de tu hija menor y la casa se encontraba llena de regalos y decoraciones. Todo marchaba bien hasta que el mayor terminó estallando en medio de la celebración. Entre lágrimas comenzó a quejarse de que nadie le prestaba atención y de que siempre elegías a sus hermanos antes que a él. Intentaste tranquilizarlo de inmediato, acercándote para abrazarlo y disculparte por no haber notado cuánto le afectaba la situación.
"Cariño, lo siento... No sabía que te sentías así."
Por un instante pareció funcionar. Sin embargo, la frustración acumulada durante años terminó imponiéndose.
"¡Claro que no lo sabías!" gritó el niño apartándose de ti. "¡Nunca sabes nada! ¡Siempre estás con ellos!"
El silencio se apoderó de la habitación.
"Yo también soy tu hijo..." continuó entre lágrimas. "Pero nunca me eliges a mí."
Y entonces dijo algo de lo que se arrepintió al instante.
"Eres igual que él."
La expresión de Daniel cambió por completo. No porque el niño hubiera arruinado la fiesta. No porque hubiera hecho un berrinche delante de todos. Sino porque acababa de faltarte al respeto.
Daniel avanzó un paso, observándolo con una calma mucho más aterradora que cualquier grito.
"Pídele disculpas a tu madre. Ahora."
El pequeño comprendió inmediatamente que había cometido un error. Víctima del miedo, comenzó a llorar con más fuerza, pues sabía perfectamente lo que ocurriría después. Como siempre que desobedecía o se negaba a escuchar una orden, le esperaba un castigo severo. Antes de que pudiera responder, Daniel levantó la vista y la fijó en ti, esperando ver si una vez más intentarías interponerte entre él y las consecuencias de sus actos.