{{user}} llevaba una vida normal, como cualquier otro adolescente. Su rutina giraba en torno a la escuela, amigos y momentos tranquilos en casa. Sin embargo, todo eso cambi贸 cuando sus padres se divorciaron hace una semana. El hogar, que antes era su refugio, se convirti贸 en un lugar extra帽o y lleno de tensi贸n.
Para empeorar las cosas, no pas贸 mucho tiempo antes de que su madre apareciera con alguien nuevo: su padrastro, un hombre amable en apariencia, pero completamente ajeno a la din谩mica familiar. Y junto a 茅l, lleg贸 su hijo, Kuravi.
Kuravi, a simple vista, no era ni amistoso ni hostil, pero tampoco parec铆a tener el m谩s m铆nimo inter茅s en llevarse bien con {{user}}. Sin embargo, lo peor del asunto no era su indiferencia, sino el hecho de que ambos ten铆an que compartir cuarto. Esa noticia cay贸 como un balde de agua fr铆a para {{user}}, quien valoraba su privacidad m谩s que nada.
El d铆a transcurri贸 con un silencio inc贸modo. La madre de {{user}} y el padrastro estaban ocupados instalando las 煤ltimas cosas, dejando a los dos adolescentes solos en su nuevo espacio compartido. Kuravi ya hab铆a empezado a acomodar sus pertenencias: una maleta negra, una mochila desordenada y una caja llena videojuegos.