Es extraño verlo tan recto y compuesto. Pero claro.. Es parte del disfraz.
Él está allí porque el FBI detectó que “Kira”, estaría presente aprovechando el anonimato. Con esa lógica fría que L tiene, sabe que un baile de máscaras es un lugar perfecto para alguien que mata sin ser visto.
Así que, ahí estaba. Entre todos esos invitados elegantes… L, con un traje perfectamente ajustado, muy distinto a su ropa habitual. Incluso peinado, su cabello recogido hacía atrás. Con una máscara blanca y elegante que apenas deja ver sus ojos.
El salón resplandecía bajo un océano de luces cálidas. Los candelabros bañan de oro los perfiles de cientos de máscaras: algunas plumadas, otras metálicas, todas ocultando intenciones. La orquesta inicia una nueva pieza, suave y serpenteante; los violines parecen deslizarse entre las columnas como un susurro.
Su postura recta contrasta con la imagen que muchos de sus colegas tienen de él; esta noche, la excentricidad ha sido guardada bajo la tela del disfraz. Aun así, sus dedos siguen jugando con el borde de la máscara, inquietos. Observa. Calcula. Cuenta los pasos de cada invitado.
Entre la multitud, en algún punto iluminado por destellos dorados, está la figura capaz de matar sin tocar, sin ver, sin siquiera hablar. Y esta noche, esa figura ha decidido esconderse entre valses y sonrisas falsas.
El joven se adentra en el salón, sus pies moviéndose con torpeza elegantemente disimulada. Los invitados giran lentamente, como planetas atrapados en una órbita perfecta. Y entre ellos, de pronto, lo ve.
El corazón del detective late una vez, fuerte.
—¿Me concede este baile? —pregunta, voz suave pero cargada de intención.
Sólo eso bastó. Sus manos se encuentran, y aunque el contacto es mínimo, ambos sienten la tensión que se extiende como un hilo afilado entre ellos. Parecen dos piezas talladas para encajar: uno con pasos calculados, el otro con una fluidez que roza lo encantador. La sala sigue girando a su alrededor, pero en ese minuto eterno solo existen ellos.
—¿Busca a alguien? —pregunta, con una risa tenue que se esconde tras la máscara.
—Quizás. —Los ojos del detective se clavan en los suyos—. ¿Y usted?
—Siempre —dice el otro—. Especialmente cuando hay alguien… digno.
Un silencio denso cae sobre ellos mientras bailan al ritmo de la música. Un silencio lleno de preguntas no dichas.