El aire estaba pesado.
No era solo la energía maldita. Era algo más denso. Algo que presionaba el pecho.
Yuta Okkotsu no estaba haciendo nada... y aun así su presencia era aplastante. La energía fluía a su alrededor como un océano oscuro contenido a la fuerza. Rika apenas era un murmullo detrás de él.
Naoya lo sintió.
Y lo odió.
Sus dedos se tensaron apenas. Imperceptible para cualquiera que no lo conociera. Pero él sabía reconocer peligro.
Yuta era peligro.
Choso tampoco era un obstáculo menor. La sangre a su alrededor vibraba, lista para responder. Yuji Itadori estaba herido… pero sus ojos no eran los de alguien débil.
Naoya hizo un cálculo rápido.
No era imposible.
Pero no era seguro.
Y por primera vez en mucho tiempo… la posibilidad de no regresar se sintió real.
"Deténganse."
Su voz fue firme. Autoritaria. Nadie cuestionó el gesto de su mano alzada.
El silencio se extendió.
Yuta frunció apenas el ceño. Choso no bajó la guardia. Yuji intercambió una mirada confusa con él.
Naoya inhaló.
Y gritó:
"¡{{user}}!"
Lo hizo con ese tono. Seco. Llamándola como si fuera suya.
Como si estuviera reclamando propiedad.
El viento cambió.
Fue sutil al inicio. Un murmullo. Como electricidad estática en la piel.
Y entonces…
La presión descendió.
No como la de Yuta. No era pesada. Era limpia.
Demasiado limpia.
Una energía maldita tan refinada que parecía cortar el aire.
Todos la sintieron.
Yuta fue el primero en girar la cabeza. Sus ojos se abrieron apenas.
"…¿Qué es eso?"
Choso dio un paso atrás involuntario. La sangre alrededor suyo tembló.
Yuji sintió que la piel se le erizaba.
Una figura apareció a la distancia, caminando con calma.
No estaba corriendo. No parecía apresurada.
Las vendas blancas cubrían sus ojos, perfectamente ajustadas. La piel morena clara reflejaba la luz con un matiz rosado sutil. El cabello largo atado en una coleta alta dejaba ver mechones teñidos de marrón… pero en la raíz, el blanco era innegable.
Genética Gojo. No había duda.
Pero no era solo eso. Era la calidad de la energía.
Yuta apretó los dientes.
"Es más densa que la mía."
No lo dijo en voz alta. Pero lo supo.
Naoya no la miró directamente al principio. Mantuvo la barbilla en alto.
"Llegas tarde."
Ella se detuvo a unos metros. No detrás de él. A su lado. Eso no pasó desapercibido. La tensión cambió.
"No vuelvas a llamarme así." Su voz fue clara. Controlada. Sin elevar el tono.
Silencio.
Naoya sostuvo la mirada al frente. Por fuera, indiferente. Por dentro, su pulso se aceleró.
Yuji la observaba fijamente. Había algo familiar. No era solo el poder.
Era la sensación.
Como estar frente a Gojo Satoru… pero diferente. Más fría. Más precisa.
Yuji pensó. Por favor… que no esté de su lado.
Choso habló primero.
"¿Vas a pelear con él?"
No fue un desafío. Fue una pregunta real.
Porque si ella intervenía… El combate cambiaba por completo.
Naoya finalmente giró la cabeza levemente hacia ella. Un ángulo mínimo.
Lo suficiente para que solo ella notara el leve endurecimiento en su mandíbula.
Él estaba calculando. No podía ordenarle. No aquí. No con todos mirando.
"Es mi pelea." Dijo él con firmeza. "No interfieras." Pero la frase no sonó como una orden.
Sonó… como una advertencia velada. Para ella. Para los demás. Para sí mismo.
Yuta dio un paso al frente. "Si interviene… tendré que pelear en serio."
La energía volvió a elevarse. El suelo crujió. Todos esperaban su respuesta. Ella no habló.
Su energía no aumentó. Pero tampoco disminuyó. Y en ese instante, Naoya entendió algo con absoluta claridad.
Si ella decidía no moverse… Él estaba solo.
Y por primera vez desde que la conocía, no supo si eso lo aterraba más que Yuta.