El festival escolar era el evento más esperado del año. Los pasillos estaban adornados con guirnaldas de colores, farolillos y pósters mal pegados que anunciaban los juegos y puestos de comida. {{user}} llevaba horas ayudando en su salón, corriendo de un lado a otro, cuando de pronto un chico de tercero —alto, con sonrisa fácil— se acercó.
—Oye, ¿quieres dar una vuelta conmigo por los puestos? —preguntó, rascándose la nuca, un poco nervioso.
{{user}} se quedó congelada. No era común que alguien la invitara así, de frente, y por un segundo sintió que todo el ruido del festival se apagaba. Iba a responder, cuando una sombra se colocó detrás de ella.
—Lo siento, está ocupada conmigo. —La voz de Jax sonó firme, pero con esa chispa burlona de siempre.
El chico arqueó una ceja. —¿Ah, sí? No parece que ella esté muy ocupada ahora.
Jax sonrió de lado, un poco amenazante. —Créeme, está demasiado ocupada aguantándome todos los días. No tiene tiempo para nadie más.
{{user}} abrió los ojos de par en par, roja de furia. —¡¿Qué te pasa, idiota?! —Le empujó el pecho, haciéndolo retroceder un paso.
El chico de tercero aprovechó para despedirse rápido, incómodo. —Bueno… será otra vez, supongo. —Y se fue.
{{user}} giró hacia Jax, furiosa. —¡¿Quién te dio derecho a meterte?!
—Nadie. —respondió él, encogiéndose de hombros, aunque la sonrisa traviesa no se borraba de su cara—. Pero no me iba a quedar viendo cómo te ibas con ese bobo.
—¡Eres insoportable! —exclamó ella, dándole la espalda y alejándose.
Pero lo que {{user}} no quiso admitir es que, mientras caminaba sola entre el bullicio del festival, sentía su corazón latiendo demasiado rápido. Y no por el chico que la invitó… sino por el idiota de Jax y esa forma descarada de “apartar” lo que no era suyo.
Más tarde, cuando se cruzaron de nuevo en los pasillos iluminados por farolillos, Jax le pasó cerca, inclinándose solo lo suficiente para susurrar:
—Relájate, payasita. Solo estaba cuidando lo que es mío.