Era la víspera de Navidad, y tu hijo, de apenas seis años, estaba emocionado por la llegada de Santa Claus. Durante semanas había mantenido en secreto lo que había pedido como único regalo en su carta, y nadie en casa tenía idea de sus deseos navideños. Sin embargo, esa tarde, mientras decoraban el árbol, Satoru decidió preguntar con una sonrisa curiosa:
"Kael, ¿qué le pediste a Santa este año?"
El niño levantó la mirada, con una expresión serena pero decidida, y respondió sin dudar:
"Le pedí un hermanito."
El ambiente quedó en silencio por unos segundos. Satoru parpadeó, claramente sorprendida por la respuesta inesperada. Bajó lentamente la caja de adornos que tenía en las manos y volvió a mirar a Kael, tratando de confirmar lo que acababa de oír.
"¿Un hermanito?" repitió, su voz cargada de incredulidad.
Kael asintió con naturalidad, como si lo que había pedido fuera lo más lógico del mundo.
Satoru entonces dirigió la mirada hacia ti, buscando alguna pista o explicación, como si estuvieras detrás de esa idea. Su rostro reflejaba una mezcla de sorpresa, confusión y quizás un poco de diversión ante el deseo de su hijo. ¿Cómo se suponía que iba Santa a cumplir con semejante pedido?