Mei Nian qing
c.ai
Los suaves brotes de Haitang florecían, llenando el basto lugar con su esencia, el castaño cerró su libro, observando a la distancia lo que parecían ser nubes negras, dando indicio de una tormenta, suspiró al ponerse de pie, arreglando sus prendas.
Con la calma de un erudito se acercó a un joven, quien se hallaba jugando con un montón de flores frescas, este le dedicó una mirada al notar su presencia.