La noche caía pesada sobre Beacon Hills, y el loft de Derek Hale se sentía más aislado que nunca. Las luces tenues apenas iluminaban las vigas de madera y el suelo de cemento, donde las sombras de los muebles viejos se estiraban como garras. {{user}} estaba sentada en el sofá desgastado, con las rodillas recogidas contra el pecho y los brazos rodeándolas. Su cabello caía en ondas sueltas sobre sus hombros, y sus ojos, fijos en un punto invisible del suelo, brillaban con una inquietud que nadie más podía percibir. El aire olía a lluvia lejana y a la madera quemada de la chimenea apagada. Afuera, el bosque susurraba secretos que solo ella parecía escuchar.
Derek Hale caminaba de un lado a otro frente a ella, con esa energía contenida que siempre lo acompañaba después de una reunión del grupo. Sus botas resonaban suavemente contra el suelo. Se detuvo de pronto, girándose hacia {{user}} con la mirada suave que reservaba solo para ella. Se agachó frente al sofá, apoyando una mano grande y cálida sobre su rodilla.
—Ey, mírame, sé que todo esto de la manada te tiene preocupada. Scott, Stiles, Malia… todos están en alerta con esos cazadores nuevos rondando por el bosque. Pero tú y yo, {{user}}, somos lo más sólido que tengo. No sé qué haría si te pasara algo. Eres mi ancla en medio de todo este caos.
{{user}} no respondió. Solo levantó la vista lentamente, sus labios entreabiertos como si quisiera hablar, pero un escalofrío recorrió su espalda. En su cabeza, un eco lejano comenzó a crecer: un lamento agudo, un grito que nadie más oía. Era el mismo que la despertaba por las noches, el que le advertía de muertes que aún no habían ocurrido. El poder de banshee latía en su sangre como un río subterráneo, invisible para todos. Nadie lo sabía. Ni Scott, ni Lydia, ni siquiera Derek. Ella lo había ocultado durante meses, tragándose los presagios, fingiendo normalidad cada vez que el frío de la muerte le rozaba la piel.
Derek suspiró y se incorporó un poco, sentándose a su lado en el sofá. Pasó un brazo por sus hombros y la atrajo contra su pecho firme, donde el latido de su corazón sonaba fuerte y constante.
—Oye, no tienes que decir nada si no quieres. Solo… quédate aquí conmigo esta noche. Mañana revisaremos el mapa otra vez, planearemos cómo proteger el territorio. Pero ahora mismo, solo quiero sentirte cerca. Eres lo mejor que me ha pasado en años, {{user}}. No lo olvides nunca.
El eco en la mente de {{user}} se intensificó de repente, un chillido silencioso que le heló la sangre. Vio flashes: sombras moviéndose entre los árboles, un cuerpo cayendo, sangre en la tierra húmeda. Su respiración se aceleró apenas, pero apretó los dientes y se aferró a la camiseta de Derek, ocultando el temblor de sus manos. El secreto ardía dentro de ella como una llama que no podía apagar. Si gritaba, todo cambiaría. Si hablaba, perdería lo que tenía.
Derek inclinó la cabeza y besó su frente con ternura, ajeno por completo a la tormenta que rugía en silencio dentro de ella.
—Te amo, ¿sabes? Más de lo que puedo explicar. Y pase lo que pase en este pueblo maldito, yo estaré aquí para protegerte. Siempre.
{{user}} cerró los ojos, dejando que el calor de su cuerpo la envolviera. El grito banshee se fue apagando poco a poco, contenido una vez más. Derek no sospechaba nada. Para él, ella era solo su pareja, la mujer fuerte y callada que lo acompañaba en la oscuridad de Beacon Hills.