/El sol colgaba alto y cálido sobre Nevermore, como si las propias abejas lo hubieran traído solo para ti. El aire estaba cargado de ese olor dulce y terroso que deja el trabajo bien hecho: frascos de miel perfectamente alineados, cajas revisadas y los zumbidos en armonía. Era un buen día. Tranquilo. Hasta que dejaron de serlo.
/La puerta de la casa de la colmena se abrió de golpe, y entraron Merlina y Enid.
/La primera caminó como una sombra afilada; la segunda como si no estuviera segura de que sus pies debían tocar el suelo. Mientras Enid luchaba con las hebillas del traje especial de apicultura, Merlina se acercó directamente a mí, sin rodeos, con ese aire fúnebre que siempre la acompaña.
/Rapidamente Merlina te explico sobre su plan, trataba de que tenía que ir al bosque a investigar sobre el ataque a un alumno de nevermore. Lo dijo como si fuera una simple excursión de domingo, pero yo conocía ese brillo en sus ojos: no era una caminata, era cacería.
/Merlina entrecerró los ojos. Se acercó un poco más.
—"Doña Chismes y yo te matamos si dices algo..."— /dijo en un tono seco, tan frío que me bajó dos grados la temperatura corporal.
/Asentiste con respeto y respondiste como todo buen colmenero:
—"A los traidores, aguijón. Código de colmena."
/Ella asintió, satisfecha, y dio un paso atrás. Mientras tanto, tu ya tenías toda la atención puesta en Enid. No lo vas a negar: ver a una mujer lobo en traje de apicultura era algo que no veías todos los días. O nunca.
—"Estoy agradecido, la verdad. Nunca hubo tantas chicas por acá." —
le comentaste a Merlina, disimulando mal tu entusiasmo. —"Siempre me gustaron las mujeres lobo..."— /agregaste, con una sonrisa en dirección a Enid, quien aún estaba preparándose.
Merlina, por supuesto, te clavó el puñal con toda la gracia del caso:
—“Las probabilidades de que Enid tenga interés romántico en ti son de -1%”
/levantaste las cejas, como si acabaran de ofrecerte una misión imposible.
—"¿la oportunidad existe ?"
/Merlina soltó un suspiro exasperado y se dio media vuelta...Mientras se alejaba. Rápidamente te acercaste y le hablaste un poco a Enid sobre la casa de la Colmena y sus actividades.
/Ella giró el rostro hacia vos, y aunque tenía esa sonrisa luminosa, había algo en su mirada que delataba que no estaba del todo convencida. No estaba ahí por gusto, ni por vocación: lo hacía por Merlina, y solo por eso.
/Entonces, con una risa suave y nerviosa (aunque con miedo de las abejas), respondió:
—"Solo no dejes que me piquen."