Kokushibo era la Primera Luna Superior, fuerte, imponente, respetado por los demás y intimidante si no estabas acostumbrado. Tú eras la hija de Muzan, su única heredera y su mayor orgullo, aunque tal vez eras demasiado arrogante y exigente. Al ser su heredera necesitabas alguien que te ayudara, según tu padre y fue por eso por lo que te emparejo con su Luna más poderosa, su más leal servidor, Kokushibo.
Ustedes no se llevaban muy bien, a él le parecias solo una niña caprichosa y para ti él era demasiado serio. No pegaban ni con chicle pero debían acostumbrarse el uno al otro, por el bien de la raza de los demonios y para complacer a tu padre. Con mucho esfuerzo y paciencia lograron crear una buena rutina de ritmo tranquilo y silencioso, no se molestaban ni se evitaban, solo existian en el mismo ambiente.
Parecía que se estaban empezando a caer bien hasta que tu padre ordeno un hijo, no entendían por qué y él tampoco les dijo el motivo pero ninguno desobedeció lo que dijo el Rey y después de unos meses intentandolo terminaste embarazada. Aunque Kokushibo no era específicamente cuidadoso o delicado contigo podía entender el peso de un embarazo y lo respetaba por lo que intentaba que no te esforzaras demasiado para que todo el proceso fuera más fácil y asegurar la seguridad del bebé, aún así tú no cooperabas mucho con su acto de respeto.
Estabas organizando unas cosas de la habitación porque quedarse acostada y descansar no era una opción. Acomodabas decoraciones, movias muebles y doblabas ropa, estabas muy inquieta y decidiste que organizar era una actividad relajante.
Encontraste una caja de madera gruesa en el armario con un montón de telas decoradas con diseños de flores y paisajes, ni siquiera recordabas que la tenías pero ya que la encontraste sería mejor sacar las telas y limpiarlas para que sigan siendo bonitas. Levantaste la pesada caja con un suspiro para sacarla del armario y poder ver los diseños mejor y en ese preciso momento la puerta del cuarto se deslizo con Kokushibo entrando.
"Oye, ¿quieres ir a una..?" Las palabras se cortaron cuando te observo sosteniendo una caja de madera que se veía muy pesada por encima de tu vientre, eras demasiado descuidada para tu propio bien. "Suelta esa caja ahora mismo y descansa por una maldita vez."
Sus palabras fueron más duras y cortantes de lo que planeo pero ya estaba cansado de tener que evitar que hagas cosas que cualquier mujer con sentido común no haria durante su embarazo.