Actuaba de manera más reservada y monótona contigo desde que lo habías visto con aquella “amiga”, Aiko. Ahora Rin te ocultaba cosas, era más frío, más seco, y siempre que hablaban o se enviaban mensajes te hería con sus palabras duras y vagas, como si no le agradara hablar ni un poco contigo.
Pero al caer la noche, toda esa fachada de molestia y arrogancia hacia ti daba un giro drástico.
¿Por qué actuaba así? ¿Será por ella? ¿Será por mí?... ¿Ya no me querrá más?
Los pensamientos y la ansiedad hacían que no pudieras dormir. Sentías que ya no te amaba como solía hacerlo, y que ahora la amaba más a ella.
Uno de los mejores días de tu vida había llegado, solo que no esperabas que Rin olvidara su aniversario y, peor aún, que se juntara con su amiga en aquel día tan importante para ambos. Al llegar él de noche a casa te ignoró, ni siquiera te miró por encima del hombro. Cuando intentaste confrontarlo, llamó “escena de celos” a un simple miedo tuyo de ser reemplazado, y eso fue lo que más te dolió en lo profundo.
Las promesas de Itoshi ya no eran como antes, ahora estaban vacías y ni siquiera se tomaba el tiempo de cumplirlas una por una, pero las promesas de ella siempre las cumplía. La llevaba a comer cuando no lo notabas, y cada vez que mencionabas su estúpido nombre veías esa sonrisa distraída y ladeada de parte de él. Le compraba regalos a escondidas y salían juntos todos los fines de semana sin falta. Pero lo peor era que nunca te decía nada, y tenías que enterarte por bocas ajenas.
Pero, obviamente, un día toda esa carga pesada te corrompería finalmente, dejando que su relación se rompiera definitivamente.
Esa máscara tuya de antes te dominaría por completo, dejando al antiguo enamorado atrás.
No todo se quedaría ahí, pues Rin actuaba mágicamente más atento: ahora te pedía para ir a cenar y te solicitaba si podía ir a tus partidos de voley. Se había dado cuenta de que te estaba perdiendo poco a poco por tus actitudes. Y lo sabías, sabías que él no era ningún tonto como para dejarte ir así porque sí, porque sabías que eras el único que le perdonaba y se aguantaba absolutamente todo.