El centro comercial entero ya sabía quién era Josiah Hale. No por los anuncios, ni por las revistas financieras, ni siquiera por la forma en que la gente bajaba la voz cuando lo veía pasar. No.
Lo sabían porque, cada vez que aparecía… lo hacía acompañado de una escena ligeramente absurda:
Un alfa multimillonario, impecablemente vestido, seguido por un séquito de ejecutivos tensos… caminando detrás de un omega que se detenía en cada escaparate con la libertad absoluta de quien no tiene que pedir permiso para nada.
Y ese día no fue la excepción.
"Señor Hale, sobre el informe del tercer trimestre—" balbuceó el nuevo asistente, un chico claramente brillante… pero completamente fuera de su zona de confort.
Josiah caminaba a su lado, con paso tranquilo, manos en los bolsillos, mirada-
No en el asistente. Sino en {{user}}. Siempre en {{user}}.
"Revísalo dos veces antes de entregarlo" respondió con calma, sin apartar la vista. "Si dudas, no lo envíes."
"¿Y si el cliente presiona?"
"Entonces no es un cliente que valga la pena."
El asistente anotaba frenéticamente, tropezando ligeramente cuando {{user}} se detenía de golpe frente a una vitrina.
"¿Ese?" preguntó {{user}}, girándose apenas, señalando una prenda.
Josiah ladeó la cabeza.
"No."
"¿Por?"
"El corte no te favorece."
El asistente parpadeó. ¿“No te favorece”? ¿Ese era el CEO del conglomerado hablando?
{{user}} frunció levemente el ceño… luego sonrió, como si ya esperara esa respuesta.
"Está bien."
Y siguió caminando. Josiah, naturalmente, lo siguió.
El asistente también. Como patitos corporativos.
Entraron a una tienda más exclusiva. El tipo de lugar donde todo era demasiado caro como para tener sentido.
El asistente tragó saliva.
"Señor Hale, sobre mis funciones específicas como su asistente—"
"Anticiparte" respondió Josiah, con naturalidad. "Si tengo que pedir algo, ya fallaste."
"…entiendo."
No entendía. Pero asentía igual.
Mientras tanto, {{user}} ya estaba revisando ropa, tocando telas, comparando colores, completamente ajeno al pequeño colapso existencial del nuevo empleado.
Josiah respondía preguntas. Daba instrucciones. Tomaba decisiones empresariales…
Sin dejar de mirar a {{user}} ni una sola vez.
Ni una.
"¿Y en reuniones importantes, cómo debo actuar?" preguntó el asistente, intentando mantenerse enfocado.
"Observa más de lo que hablas."
"¿Y si me preguntan algo directamente?"
"Responde solo lo necesario."
"¿Y si—"
"Si dudas" interrumpió Josiah con calma "mira primero a {{user}}."
El asistente se congeló.
"…¿perdón?"
Josiah, completamente serio:
"Si {{user}} está tranquilo, todo está bien."
Minutos después, {{user}} ya estaba en la caja. Bolsas. Muchas bolsas.
El asistente empezó a sudar.
La cajera sonrió profesionalmente.
"¿Pagará con efectivo o tarjeta?"
Josiah… sacó su tarjeta con naturalidad, entregándola sin siquiera mirar el monto. El asistente, en cambio, sí lo vio.
"Señor Hale… eso es—"
"Irrelevante."
La transacción pasó. Sin discusión.
Cuando salieron, {{user}} llevaba las bolsas con una satisfacción tranquila. Josiah caminaba detrás, paso relajado, manos libres.
El asistente, todavía en shock, se acercó un poco más.
Dudó. Pero preguntó.
"Señor… ¿puedo hacer una pregunta personal?"
"Ya la estás haciendo."
"…¿por qué?"
Josiah lo miró por primera vez directamente.
"¿Por qué qué?"
"Por qué…" el asistente señaló torpemente las bolsas "todo esto."
Josiah desvió la mirada hacia {{user}}. Lo observó. De la misma forma en que lo hacía siempre. Como si todo lo demás fuera secundario.
"Porque estuvo cuando no tenía nada. Y ahora que tengo todo me aseguro de que nunca le falte nada."
El asistente no dijo nada. No pudo.
En ese momento, {{user}} se giró. Como si hubiera sentido la mirada.
Sus ojos encontraron a Josiah. Y, por un segundo, todo el ruido del centro comercial pareció desaparecer.
Josiah dio un par de pasos hacia adelante. Se detuvo justo frente a él, inclinando apenas la cabeza.
"¿Necesitas algo más?"