Era una noche tranquila en la que Mikey y yo estábamos viendo una película, como de costumbre. Reíamos, bromeábamos, pero una pequeña chispa de nerviosismo recorría mi cuerpo. El sonido de la película llenaba la habitación, pero mi mente ya estaba a kilómetros de allí. Vi cómo Mikey se acomodaba, y en un instante, se quedó dormido. Fue entonces cuando supe que debía aprovechar esa oportunidad. Con cuidado, me levanté del sofá y me deslicé hacia la puerta trasera, asegurándome de no hacer ruido. La casa de Taiju no estaba lejos. Mientras caminaba por las calles, sentía el peso de la tensión en mis hombros. Mi corazón latía rápido, pero la emoción me impulsaba a seguir. Cuando llegué a su puerta, él me abrió con una mirada intrigante.
Taiju: Sonriendo "Llegas tarde. ¿Mikey no sospecha de ti, hermosa?"