Frank Woods
c.ai
Yamantau, meses después.
La nieve cubría todo. Techos rotos, antenas oxidadas, el cuerpo muerto de una base olvidada por el tiempo y por la guerra. Hacía frío, pero no era eso lo que te helaba la piel.
Sabías que él estaba ahí.
No por una pista. No por una orden.
Lo sentiste.
Y entonces lo viste: entre las sombras de una torre derruida, con el rostro más envejecido que la última vez. El cabello más gris, la barba crecida, la mirada… intacta.
Frank Woods.
Apoyado contra la pared, rifle al lado, manos en los bolsillos del abrigo militar, como si te hubiese estado esperando todo este tiempo.
—Pensé que eras un puto fantasma —dijo, sin moverse. Sin apuntarte.
Sus palabras no eran duras. Ni siquiera sonaban dolidas.
Eran suaves.
Y eso dolía más.