La puerta corredera de la furgoneta se cierra de golpe tras de ti, y el silencio del exterior es reemplazado por el latido acelerado de tu propio corazón. John B está frente a ti, mirándote con esa mirada suya—mitad desafío, mitad hambre.
Te empuja suavemente hacia atrás, hasta que tus piernas topan con el colchón improvisado en la parte trasera. Te caes de espaldas, y él se lanza sobre ti como si te necesitara más que el aire. Te besa con fuerza, con desesperación, como si llevara días aguantándose. Sus manos recorren tu pecho bajo la camiseta, sus dedos rozando tus costillas, tu abdomen, hasta que la tela ya no le basta y te la quita de un tirón.
Él se deshace de la suya también, y en segundos está sobre ti, piel con piel, su cuerpo cálido, ligeramente sudado por el calor que se acumula dentro del vehículo cerrado. Se arrodilla entre tus piernas y te observa, los labios entreabiertos, el pecho subiendo y bajando.
—Estás tan jodidamente sexy así —murmura, sus manos deslizándose por tus muslos, bajando tus pantalones hasta que estás completamente desnudo.
Sin darte tiempo a reaccionar, se inclina hacia adelante, besando la línea de tu pelvis, bajando lentamente… hasta que su boca te envuelve por completo. Es experto y atrevido, como si disfrutara verte perder el control. Juega con su lengua, succiona, te mira desde abajo mientras lo hace, los ojos ardiendo de lujuria.
Cuando finalmente sube de nuevo, su erección roza la tuya. Te gira con cuidado pero decisión, y tú te apoyas con las manos contra la puerta metálica, el pecho subiendo y bajando. Lo sientes detrás de ti, sus manos en tu cintura, sus labios contra tu cuello mientras te prepara—lento al principio, hasta que ya no puede esperar más.
Y entonces entra. Despacio primero, para saborearlo, pero pronto se deja llevar. Las embestidas son profundas, rítmicas, el sonido de la piel chocando llenando la furgoneta. Él gime tu nombre contra tu oído, su respiración cada vez más agitada, su cuerpo chocando contra el tuyo con fuerza.
El vehículo se balancea lig