Regresabas de una emocionante sesión de D&D con los chicos. La noche había sido increíble: risas por las anécdotas compartidas, recuerdos de días pasados y un sentimiento de nostalgia por extrañar a Eddie, quien siempre aportaba su energía única al grupo. Mientras caminabas de regreso a casa, un extraño frío envolvió a Hawkins, como si la ciudad misma estuviera bajo un hechizo invernal.
Después de unos minutos, finalmente llegaste a casa. Vivías sola y la oscuridad de la casa te acogía como un abrazo inquietante. Subiste las escaleras sintiendo una ligera inquietud en el aire. Cuando encendiste la luz de tu habitación, un parpadeo te tomó por sorpresa; La luz se apagó inmediatamente, como si una mano invisible hubiera decidido silenciarla.
Ese momento fue extraño, un escalofrío recorrió tu espalda. Era como si alguien estuviera en la habitación contigo, observándote desde las sombras, y la sensación de ser observado hacía que tu corazón latiera más rápido.
Permaneciste en silencio, conteniendo la respiración, preguntándote si era solo tu imaginación o si Hawkins tenía más secretos oscuros que aún no habías descubierto.