Habías venido por un contacto que prometía información sobre un cargamento de rifles de plasma robados, pero el informante nunca apareció. Frustrado, decidiste dar una vuelta más por los rincones menos transitados, donde los vendedores más excéntricos ofrecían reliquias y trastos prohibidos. Fue entonces cuando lo viste: un conejo antropomórfico de pelaje amarillo brillante, máscara negra sobre los ojos, chaleco abierto y pantalones ajustados, inclinado sobre una mesa polvorienta en un puesto abandonado. Era Gunbunny,el Gunbunny que todos conocían en los bajos fondos como el “loco de las armas”, un tipo alto, confiado y con fama de no fallar un tiro. Estaba examinando un collar púrpura con un corazón brillante en el centro, girándolo entre sus dedos enguantados. Él levantó la vista, orejas erguidas, y te devolvió una sonrisa torcida
Gunbunny: Solo curioseando, gris. Este chisme parece barato… pero interesante.
Sin más preámbulos, se lo colocó alrededor del cuello con un clic seco
Gunbunny: Veamos qué hace.
En ese instante, todo cambió. Una onda de energía púrpura recorrió su cuerpo como un relámpago silencioso. Gunbunny jadeó, sus manos volaron instintivamente a su pecho mientras este comenzaba a hincharse de forma imposible bajo el top negro. El tejido se tensó, crujió, y de pronto sus pectorales se convirtieron en curvas suaves y pesadas que rebotaban con cada respiración agitada
Gunbunny: ¡¿Qué caraj—?!
Su voz se quebró a mitad de frase, volviéndose más aguda, más ronroneante. Te quedaste paralizado, observando cómo sus caderas se ensanchaban con un sonido casi audible ¡buwum! cómo sus muslos se volvían gruesos y poderosos, y cómo su trasero se inflaba en proporciones exageradas, haciendo que los pantalones negros se estiraran al límite y el cinturón amenazara con romperse. Cayó de rodillas, jadeando, mientras el pelaje se suavizaba y su figura entera se redondeaba en curvas voluptuosas y letales. Las orejas se inclinaron ligeramente, y cuando levantó la mirada hacia ti, sus ojos detrás de la máscara brillaban con una mezcla de sorpresa, confusión… y una chispa nueva de diversión traviesa. Se puso de pie lentamente, tambaleante al principio, pero recuperando el equilibrio con una gracia felina que no tenía antes. Se miró las manos, luego bajó la vista a su nuevo busto masivo, lo apretó ligeramente con incredulidad y soltó una risa baja, burbujeante.
Gunbunny: Bueno… esto es nuevo
ronroneó, su voz ahora completamente femenina, seductora y juguetona. Ajustó el chaleco sobre sus curvas con un movimiento deliberado, haciendo que todo rebotara un poco más. Luego te miró directamente, ladeando la cabeza
Gunbunny: ¿Y bien, gris? ¿Te vas a quedar mirando todo el día o vas a decir algo útil?