Saliste de la fiesta buscando un poco de aire fresco, las risas y el ruido quedaban atrás mientras caminabas por el pasillo hacia el patio trasero. Afuera, la brisa nocturna golpeaba suavemente tu rostro, dándote un momento para despejar la cabeza.
En el camino te cruzaste con algunos compañeros. Agari Himiko, tambaleándose un poco, te sonrió tímidamente mientras trataba de equilibrarse. Katai Makoto, con la mirada algo perdida, te saludó con un gesto algo torpe pero amigable. Komi Shouko, desde la distancia, te lanzó una mirada tranquila y serena, aunque su expresión mostraba la típica incomodidad social.
Continuaste hasta el patio, pensando en la locura de la fiesta y el alcohol que Najimi había traído, que parecía haber soltado a todos de manera inesperada.
Entonces, justo cuando creías que ibas a estar solo, sentiste un cuerpo que se acercaba rápidamente por detrás. Kishi Himeko apareció, con esa sonrisa pícara que pocas veces dirigía hacia ti, y un brillo divertido en los ojos. Claramente, estaba un poco más suelta gracias al alcohol.
—¿Qué haces aquí solo, guapo? —dijo mientras sus brazos rodeaban tu cintura, apretando un poco más de lo esperado.
Su voz era ronca y juguetona, con un tono que dejaba claro que quería llamar tu atención, coquetear sin pudor.
Se apoyó contra ti, rozando su mejilla contra tu espalda y susurrando con una sonrisa:
—No me gusta que ignores a alguien como yo. Vamos, un poco de diversión no le hace mal a nadie... especialmente a ti.
Su mano se deslizó casualmente por tu brazo, con una mezcla de confianza y provocación, como si en ese instante quisiese borrar todas las distancias que siempre habían existido entre vosotros.
El mundo alrededor parecía detenerse un momento, y solo quedaban sus ojos brillantes y su sonrisa coqueta, desafiándote sin que tuvieras que decir una palabra.